Un estudio de Pilates que vendía por mensajes sueltos. Hoy el sitio cobra y entrega el manual solo, contesta las preguntas de siempre, le avisa a la dueña cuando algo falla y le dice qué está funcionando. Lo que sigue son las pantallas del sitio publicado y del panel, tal como están hoy.
Los números de abajo se pueden comprobar: las 5 estrellas dicen de cuántas opiniones salen y llevan al perfil de Google del estudio. Antes decían «calificación» a secas y «alumnas activas»; se corrigieron a lo que es cierto.
Catálogo
Cada producto se compra como se compra de verdad
Los planes, las medias y la gorra se cierran en persona, así que su botón abre WhatsApp con el producto ya nombrado. El manual en PDF es lo único que se paga en el sitio, con Mercado Pago, y es lo único que tiene ese botón. Las pestañas de arriba salen de los productos cargados: si mañana el estudio suma una categoría, aparece sola.
El manual tiene dos botones —pagar o preguntar— y el resto uno solo. Abajo, los medios de pago, que es lo primero que se pregunta antes de comprar.
Panel
El panel avisa antes de que alguien reclame
Empezó con tres pestañas y hoy tiene seis: productos, pedidos, asistente, lo que ve Google, la medición y el estado del sistema. Lo que más cambió no es la cantidad: es que el panel ahora le dice a la dueña qué tiene pendiente apenas entra, en una línea arriba de todo, con el enlace a dónde resolverlo. El catálogo se sigue ordenando arrastrando las filas, y precio, tipo y categoría se editan ahí mismo.
Con datos de prueba. El número rojo en «Sistema» y la línea amarilla son lo primero que se ve al entrar.
Entrega
El manual se cobra y se manda solo
Cuando alguien compra el manual, nadie del estudio tiene que hacer nada, sea un martes a la tarde o un domingo a las tres de la mañana. El carrito pide nombre y mail, y antes de pagar avisa con todas las letras que el PDF, una vez descargado, no tiene derecho de arrepentimiento, con una casilla que hay que marcar. Si el mail no sale al primer intento, el sistema lo vuelve a probar solo.
01
Se confirma el pago
Mercado Pago avisa al servidor. No se confía en lo que dice el navegador de quien compró.
02
Sale el mail, y si falla se reintenta
Con un enlace firmado para esa compra y ese producto. Si el servicio de correo no contesta, se vuelve a probar al minuto, a los 5, a los 15, a la hora y a las 4 horas.
03
El pedido pasa a «entregado»
Solo, cuando el mail salió. La dueña no tiene que ir a marcarlo, y queda anotado en la bitácora.
04
Se descarga
El servidor vuelve a verificar la firma y el pago antes de entregar el archivo. El enlace vence a los 30 días.
El aviso va justo antes de pagar, como pide el Código Civil y Comercial (arts. 1111 y 1116, inc. b). Dice también adónde viajan los datos: Mercado Pago para el pago y Resend, en Estados Unidos, para el mail.
«Se manda por mail automáticamente cuando se confirma el pago»: subir el PDF es lo único que hay que hacer, y una sola vez.
Pedidos y sistema
Si un mail falla, la venta no se pierde
Antes, si el mail del manual fallaba, la clienta pagaba y no recibía nada, y nadie se enteraba. Hoy lo que agota los reintentos aparece en el panel con el motivo y un botón para volver a mandarlo. En la misma pestaña está la copia de seguridad: el sistema guarda una por día, conserva las últimas 14, y con un botón la dueña se baja una a su computadora. También está lo que gastó hoy el asistente contra su tope diario, y una bitácora de qué se tocó en el panel y cuándo.
Con datos de prueba. El mail que falló es el del PDF de un pedido: hasta que alguien toque «Reintentar», ese pedido sigue «pagado» y no «entregado».
Con datos de prueba, todos inventados. Los pedidos de arrepentimiento y de baja entran por los botones del sitio y caen acá, con el código que ya le llegó a la persona.
Medición
Saber qué funciona, sin espiar a nadie
El número que mueve el estudio no es la visita: es la consulta por WhatsApp, porque los planes se cierran ahí. Por eso la medición arranca por ese número, contra la semana anterior. Abajo, hasta dónde baja la gente en la página, de dónde viene, qué productos mira y sobre qué temas le pregunta al asistente —el tema, nunca lo que escribió—. Se mide en el propio servidor, sin cookies, sin Google Analytics y sin mandarle nada a terceros. El mapa y el feed de Instagram, que sí son de afuera, no se cargan hasta que la persona dice que sí.
Con 60 días de visitas inventadas: las cifras son de prueba, la pantalla es la de verdad. Al pie, por qué estos números nunca van a coincidir con los de Mercado Pago, escrito para la dueña.
«Rechazar todo» es tan grande como «Aceptar todo». Las tipografías se sirven desde el propio sitio, así que cargar la página no le pide nada a nadie.
Asistente
Contesta lo que se pregunta a las once de la noche
Un asistente que responde sobre el método, las clases y los productos del catálogo. Se queda con las preguntas repetidas —horarios, precios, cómo empezar— para que las que llegan por WhatsApp sean las que de verdad valen una respuesta escrita a mano. Antes del primer mensaje avisa que la consulta se procesa en Estados Unidos y pide un «Entendido». Y tiene un tope de gasto por día: si una noche alguien lo usa de más, se frena solo y no le llega a la dueña una factura sorpresa.
Se configura escribiendo en castellano, no programando: dirección, horarios, método, contacto. El catálogo lo conoce solo, así que los precios nunca se le desactualizan.
Google
Lo que Google muestra, lo cambia ella
La dirección, el teléfono y los horarios que Google lee del sitio salen de una pestaña del panel, y tienen que coincidir con los del perfil de Google Maps: el panel lo dice al lado. Desde ahí se cambian también las dos fotos grandes de la portada, la calificación de Google que se muestra arriba y la llave que deja o no que Google muestre el sitio. El sitio arma solo lo demás: el mapa del sitio para los buscadores, la ficha del estudio en el formato que leen Google y los asistentes de IA, y la redirección de la dirección con «www» a la de siempre.
«Copialos de tu perfil de Google cuando cambien»: la calificación de la portada sale de acá, con el enlace al perfil para que cualquiera la compruebe.
Derechos de quien compra
Arrepentirse o darse de baja, sin pedir permiso
Al pie de todas las páginas están el botón de arrepentimiento y el de baja de servicio, que pide la Disp. SSDCyLC 954/2025. Se usan sin registrarse: la persona elige qué quiere, deja su nombre y su mail, y en el momento recibe un código. El pedido le cae a la dueña en el panel para resolverlo. La misma página explica, citando la ley, por qué el PDF descargado es la excepción.
Los textos legales se publicaron antes de la revisión del abogado, por decisión del estudio, y quedan sujetos a lo que él indique.
El resto del sitio
Todo lo que se preguntaba por mensaje, escrito una vez
Quiénes son, las preguntas frecuentes y el contacto con horarios y formulario. Cada una de esas secciones es una conversación que el estudio ya no tiene que repetir. El formulario dice antes de mandar quién usa los datos y adónde viajan, y el mapa queda apagado hasta que la persona lo pide.
En el celular
Donde de verdad se compra
Desde el celular el catálogo pasa a una columna, los botones se aprietan con el pulgar sin errarle y el carrito ocupa la pantalla entera, con el mismo aviso antes de pagar.
¿Querés algo así para lo tuyo?
Ninguno de estos sitios se armó con una plantilla. Contame qué vendés y con qué te estás peleando hoy, y vemos qué se puede hacer.